<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://lospunosdelapaloma.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Literatura solidaria</title><description>DIRECTORA:&lt;br /&gt;Norma Segades - Manias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</description><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>En memoria de Adriana D&#xED;az Crosta</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122403-en-memoria-de-adriana-diaz-crosta.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122403-en-memoria-de-adriana-diaz-crosta.php</guid><description><![CDATA[<em>"Era un inmenso campamento al aire libre. De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y aj&iacute;es luminosos, y por todas partes hab&iacute;a gente ofreciendo sue&ntilde;os en canje. Hab&iacute;a quien quer&iacute;a cambiar un sue&ntilde;o de viajes por un sue&ntilde;o de amores, y hab&iacute;a quien ofrec&iacute;a un sue&ntilde;o para re&iacute;r en trueque por un sue&ntilde;o para llorar un llanto bien gustoso. Un se&ntilde;or andaba por ah&iacute; buscando los pedacitos de su sue&ntilde;o, desbaratado por culpa de alguien que se lo hab&iacute;a llevado por delante: el se&ntilde;or iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hac&iacute;a un estandarte de colores. El aguatero de los sue&ntilde;os llevaba agua a quienes sent&iacute;an sed mientras dorm&iacute;an. Llevaba agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas. Sobre una torre hab&iacute;a una mujer, de t&uacute;nica blanca, pein&aacute;ndose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprend&iacute;a sue&ntilde;os, con todos sus personajes: los sue&ntilde;os sal&iacute;an del pelo y se iban al aire." Eduardo Galeano <br /></em><br />Eternamente joven, nuestra amada poeta, nuestra amiga. Libre de los dolores, de las separaciones, de las preguntas sin respuesta; alejada para siempre de la trinchera que tuvo que cavar a mano su pulso de paloma malherida para establecer la resistencia y donde, finalmente, entreg&oacute; a los follajes del silencio el saqueado basti&oacute;n de su esperanza. Eternamente joven. Conservando la coherencia de su vida y de su discurso (m&aacute;s all&aacute; del tiempo), haciendo gala de toda su acrobacia surrealista brav&iacute;a y despeinada. Irrumpiendo en nuestros d&iacute;as con su sonrisa descalza, vistiendo aquel inusitado mameluco repleto de bolsillos donde guardaba trozos de Bret&oacute;n, poemas en semilla, redomas con esperma de luci&eacute;rnagas para engendrar la luz de sus met&aacute;foras. <br />De all&iacute; que decidi&eacute;ramos fundar un territorio en memoria de Adriana, para nosotros, los alebrijeros, los eternos alba&ntilde;iles de versos, los que intentamos desafiar almidones minuciosos con el solo poder de la palabra, los que amamos la poes&iacute;a desprolija, la poes&iacute;a con huellas digitales, la poes&iacute;a en mu&ntilde;ones, astillada a fuerza de injusticias, de indiferencia, de abandonos, de desamores, de relojes con filos en menguante. <br /><p align="justify">Bienvenidos a: <strong>Los pu&ntilde;os de la paloma. <br /></strong><br /><br /><br /><br /><br /></p>]]></description><pubDate>Sun, 24 Dec 2006 10:08:00 +0000</pubDate></item><item><title>Lina Zer&#xF3;n - M&#xE9;xico</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122402-lina-zeron-mexico.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122402-lina-zeron-mexico.php</guid><description><![CDATA[<strong>Un gran pa&iacute;s.<br /></strong><br />Vivo en un pa&iacute;s tan grande que todo queda lejos<br />la educaci&oacute;n,<br />la comida,<br />la vivienda.<br /><br />Tan extenso es mi pa&iacute;s<br />que la justicia no alcanza para todos.<br /><br />&copy; de la autora </p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sun, 24 Dec 2006 10:05:00 +0000</pubDate></item><item><title>Helena Ramos - Rusia/Nicaragua</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122401-helena-ramos-rusia-nicaragua.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122401-helena-ramos-rusia-nicaragua.php</guid><description><![CDATA[<strong>Mural 78.<br /></strong><br />Es un mundo cruel, sangriento<br />pero bello...<br />El mundo de la hierba<br />ensangrentada;<br />donde la sangre<br />ti&ntilde;e las olas,<br />donde la sangre<br />riega la tierra,<br />donde ta&ntilde;e<br />como una guitarra<br />el dolor por los ca&iacute;dos.<br /><br />Donde brilla el sol generoso,<br />donde cantan los r&iacute;os sonoros,<br />con fervor crepitan las llamas<br />y se ama porque se ama;<br />donde crecen novias abedules<br />y orgullosos cedros<br />y de noche, caen las estrellas<br />en la mano de un ni&ntilde;o.<br />All&iacute; la bandera alta<br />orea los sue&ntilde;os.<br /><br />All&iacute; la gente sabe<br />morir<br />y la podre no se atreve<br />a tocar los rostros muertos.<br />Hay un reguero de sangre<br />sobre las piedras y flores.<br /><br />All&aacute;<br />son bellos los brazos morenos<br />de tu compa&ntilde;era,<br />son bellos los ojos oscuros<br />mir&aacute;ndote el alma,<br />son bellos los labios calientes<br />que dijeron "te quiero",<br />y cae una lluvia de claveles.<br /><br />Pero son inenarrables las torturas,<br />interminables las noches<br />cuando el dolor te desgarra<br />sin escape ni tregua,<br />el cuerpo se rompe en un grito mudo<br />y corren los r&iacute;os de tu sangre.<br />A la &uacute;ltima alba huele el viento<br />y no puedes protegerte de las balas,<br />escudarte de la muerte.<br /><br /><br />El clavel invencible florece,<br />cae al agua preclara<br />y se deshace en sangre.<br /><br />&copy; de la autora </p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sun, 24 Dec 2006 09:34:00 +0000</pubDate></item><item><title>Waldina Mej&#xED;a Medina - Honduras</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122301-waldina-mejia-medina-honduras.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/122301-waldina-mejia-medina-honduras.php</guid><description><![CDATA[<strong>La muerte verdadera.<br /></strong><br />Endurec&iacute; mis ojos para que ya no vieran <br />m&aacute;s pobreza<br />acall&eacute; mis o&iacute;dos para que ya no oyeran<br />m&aacute;s dolor<br />mutil&eacute; mi esperanza para que ya no hablara<br />m&aacute;s Justicia<br />empared&eacute; mi alma para que ya no amara<br />la Verdad<br />y cuando as&iacute; mat&eacute; lo m&aacute;s hermoso<br />me hice duro caucho<br />que no sonri&oacute;, no am&oacute;, ni siquiera llor&oacute;<br />mi propia muerte<br />porque la merec&iacute;a <br />para siempre. <br /><br />&copy; de la autora </p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sat, 23 Dec 2006 08:45:00 +0000</pubDate></item><item><title>Norma Segades - Manias - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121705-norma-segades-manias-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121705-norma-segades-manias-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>R&eacute;quiem por los p&aacute;jaros.<br /></strong><br />Si cerraba los ojos pod&iacute;a ver al abuelo dialogando con el se&ntilde;or moreno, de sombrero pajizo; a ella misma, observ&aacute;ndolos, sentada sobre el pasto; y a las voces, pesadas, detenidas en el aire de enero. Nombraban la ciudad donde estaban juzgando el horror de algunos cr&iacute;menes que deben mantenerse bien lejos del alcance de los ni&ntilde;os. Hablaban de sus hombres y mujeres jurando, hasta el cansancio, que ninguno sab&iacute;a el destino final de aquellos trenes...<br />&iexcl;Qu&eacute; est&uacute;pidos! - recordaba haber pensado para s&iacute;, antes de dibujar con una rama en la piel caliente de la tierra la palabra mentira... y concluir, finalmente- Debe ser alg&uacute;n cuento. No puede haber un pueblo lleno de mentirosos... Se sabe que los trenes siempre nos llevan a un destino cierto.<br />Claro est&aacute; que el abuelo se hab&iacute;a ido hac&iacute;a ya largos calendarios y ella sigui&oacute; la vida, olvid&oacute; los detalles, como siempre sucede. Sufri&oacute; sus desenga&ntilde;os, sus tristezas; inaugur&oacute; la culpa y ese vac&iacute;o absurdo que durante cien lunas se le aloj&oacute; en el pecho. <br />Un d&iacute;a se cas&oacute;. Renunci&oacute; a todo. La absorbieron los hijos, el mercado, la casa, los caprichos de Juan a quien se someti&oacute; intencionalmente para purgar sus deudas y as&iacute; poder resucitarse.<br />El mundo era una cosa que exist&iacute;a fuera de sus silencios. Los vecinos hablaban, contaban sucedidos. Una pareja joven. All&aacute; en aquella esquina. &iquest;La record&aacute;s? Pasaban por las tardes con la bolsa de compras. Deben haber tenido armas, por supuesto. No le qued&oacute; remedio a los milicos. As&iacute; qued&oacute; la casa. &iexcl;Pobre del propietario!. No, ver no vimos nada, rodearon la manzana,... pero fue un tiroteo interminable. Sacaron tres cad&aacute;veres, nadie sabe qui&eacute;n era, parece que la madre y... ya lo escuch&oacute; a Camps, son riesgos que se corren... se sabe que las balas nunca piensan...<br />Ella hac&iacute;a las compras, jabonaba pa&ntilde;ales, enjuagaba y tend&iacute;a. No hab&iacute;a dinero para descartables. Pasaba por las tardes con su sonrisa enorme. <br />Despu&eacute;s lleg&oacute; el mundial y aquella ceremonia con los ni&ntilde;os vestiditos de blanco. Todo tan ordenado y prolijo y perfecto. Y los partidos que miraban desde lo tibiecito de la cama donde se refugiaban. Era invierno, hac&iacute;a fr&iacute;o. Preparaba pasteles con dulce de membrillo. Com&iacute;an acostados mientras las calles eran un desierto que de pronto estallaba en miles de gargantas sumidas en el &eacute;xtasis del triunfo.<br />Y de golpe, la copa. El mundo en esas manos an&oacute;nimas que anduvieron la calle envueltos en banderas. Vecinos que corr&iacute;an a expresar su alegr&iacute;a sobre los bulevares. Los ni&ntilde;os que quer&iacute;an llevar la patria a cuestas. Ella pidi&eacute;ndole a su esposo que fuera a acompa&ntilde;arlos. Justamente a Juan, inquilino de su rabia, gritando, hist&eacute;rico, que &eacute;l no se prestaba... que todo era ficticio, una grandiosa farsa para esconder la mugre debajo de la alfombra. Y la amiga, en la puerta, esperando que alzara a la peque&ntilde;a mientras su hijo entonaba las canciones con otros amiguitos y toda la ciudad era una fiesta. <br />Y luego, continuar caminando su mundo de manteles, de risas controladas, de limpieza; de hacer brillar los pisos; de comprar los adornos econ&oacute;micos para tantas repisas. Disimulando siempre la pobreza con sus manos groseras, casi toscas, dos simples instrumentos de trabajo que anhelaban caricias.<br />Y el regreso, la vida en democracia con los acusadores testimonios, &iacute;ndices torvos, corazones de lesa indiferencia, expedientes, vol&uacute;menes de nunca m&aacute;s indulto obediencia debida... la nostalgia tray&eacute;ndole el recuerdo de aquel pueblo europeo en el &rsquo;45 mordiendo la derrota y la verg&uuml;enza, murmurando: nosotros no sab&iacute;amos d&oacute;nde iban los trenes. <br />Mientras su culpa busca a los que faltan, los pa&ntilde;uelos blancos se disfrazan de jueves en la plaza reclamando un retazo de memoria para aquellos que fueron otros hijos y Scilingo no sabe qu&eacute; hacer con su conciencia porque vol&eacute; la muerte con capucha mientras la noche era siniestra y l&uacute;gubre y el R&iacute;o de la Plata se convert&iacute;a en un sepulcro enorme cobijando el secreto inconfesable.<br />Y ella; loca-demente-culpable-c&oacute;mplice del silencio, incapaz absoluta de pensar-darse cuenta de la gran mascarada; ahora que lo sabe, que por fin se da cuenta de que hay p&aacute;jaros perdidos en la historia y hay historias perdidas sin los p&aacute;jaros. Y algo peor todav&iacute;a; ahora que comprende que no pudo evitar salir con la bandera; que no se atrevi&oacute; nunca a decirle a su padre que se fuera a la mierda cuando juzgaba con su voz solemne que no quedaban dudas, que algo habr&aacute;n hecho, que en algo habr&aacute;n andado. Que le vendieron un mundial de f&uacute;tbol y ella compr&oacute; su cuota de bandera y su correspondiente oblea distintiva de derechos y humanos porque aqu&iacute;, en este sitio, todo estaba ordenado, nunca pasaba nada, hab&iacute;amos blanqueado los parques y las plazas. Si se encontraban nidos destrozados era porque ensuciaban las veredas y aqu&iacute;, de pronto, todos fuimos limpios y los hombres vistieron como hombres, usaban pelo corto y nadie se met&iacute;a donde no lo llamaban... y hasta Dios prefiri&oacute; guardar silencio... y no estamos seguros que murieran los p&aacute;jaros porque nunca encontraron los cad&aacute;veres.<br /><br />&copy; de la autora <p align="justify"><br /></p>]]></description><pubDate>Sun, 17 Dec 2006 20:01:00 +0000</pubDate></item><item><title>Esther Andradi - Argentina/Alemania</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121704-esther-andradi-argentina-alemania.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121704-esther-andradi-argentina-alemania.php</guid><description><![CDATA[<strong>Dios soy yo.<br /></strong><br />Ibrahim Abdullah se rasg&oacute; la barbilla con sus dedos met&aacute;licos. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a escribir? En la batalla hab&iacute;a perdido el anular y el &iacute;ndice, y el pulgar aquel, que una vez compuso, era apenas una burda maniobra en el aire. Comprob&oacute;. Sinti&oacute; que el metal le aplastaba la memoria del tacto, pero no ten&iacute;a alternativa. Hab&iacute;a que hacerlo. El Supremo Ministro le hab&iacute;a encomendado esta misi&oacute;n. Reescribir. A &eacute;l, nada menos que a &eacute;l, mano derecha de Hermeneutes, el Director de las bibliotecas incendiadas, definitivamente arrasadas, letra sobre letra. Ahora le encargaban la reconstrucci&oacute;n. Los hab&iacute;an capturado juntos, pero mientras a Ibrahim lo trasladaron a una b&oacute;veda del hospital para curarlo, al viejo, que se resisti&oacute; en todo momento a colaborar, lo encerraron en la cripta de la luz. <br />Hab&iacute;an recorrido cientos de kil&oacute;metros con ese destartalado veh&iacute;culo. Nadie que conociese los riesgos de manejar se hubiera atrevido como ellos. No hablaban. Parec&iacute;a que hubieran perdido la costumbre de la palabra, le explicaron a los pu&ntilde;etazos e hicieron sonar interjecciones en sus mand&iacute;bulas y o&iacute;dos. Finalmente uno de los emisarios del Supremo le descubri&oacute; la cara magullada y habl&oacute;:<br />&ndash;&iquest;Te vas a acordar o no?<br />Para Ibrahim Abdullah la pregunta era su pesadilla. Todo lo hab&iacute;a soportado, sin conmoci&oacute;n alguna, hasta que supo que la desaparici&oacute;n de los tesoros impresos era irreversible, tanto como la gravedad de Hermeneutes, su maestro, y la misi&oacute;n que el Supremo le adjudicaba ahora a Ibrahim, para que elija entre reescribir, o no ser. Como su pasado. Acordarse podr&iacute;a quiz&aacute;s, pero nunca iba a ser como el original.<br />&ndash;Y qu&eacute; importa &ndash;le contest&oacute; groseramente la figura&ndash;. Ya no quedan originales en ninguna parte para comparar.<br />Volvieron a amenazarlo.<br />&ndash;El &uacute;nico original eres t&uacute;.<br />Las carcajadas retumbaron en sus o&iacute;dos.<br />No pod&iacute;a creerlo. Memorioso hab&iacute;a sido siempre, pero esto era mucho m&aacute;s de lo que pod&iacute;a imaginarse. &iquest;Escribir de memoria los textos...?<br />&ndash;Bueno, no todos, s&oacute;lo aquello que el Supremo quiera, se entiende.<br />La guerra no hab&iacute;a acabado ni con las calculadoras ni con las b&oacute;vedas del tesoro en los bancos, pero s&iacute; con la letra impresa: no hab&iacute;a bibliotecas particulares posibles y desde que el Estado oblig&oacute; a los ciudadanos a deshacerse de libros y papeles, toda palabra escrita se hab&iacute;a perdido. Ibrahim sinti&oacute; una angustia inconmensurable en la garganta, una contricci&oacute;n severa en el torso y le pareci&oacute; que estaba parti&eacute;ndosele el coraz&oacute;n, pero ni morirse lo dejaron.<br />Muertos los libros, vivan los libros, hubiera deseado pronunciar Ibrahim, pero call&oacute;. No eran tiempos &eacute;stos para abrir la boca. Una vez en el hospital, fue rescatado de la horda militar por Kalostro, el sacerdote. <br />&ndash;Olv&iacute;date &ndash;le pidi&oacute; Kalostro, due&ntilde;o y cancerbero, que desde entonces abr&iacute;a y cerraba la puerta de su celda.<br />Y deposit&oacute; sobre sus rodillas esa m&aacute;quina que se convirti&oacute; en su &uacute;nico contacto con el afuera.. <br />&ndash;Es algo del otro mundo &ndash;susurr&oacute;.<br />La hab&iacute;an encontrado en el fondo de la ci&eacute;naga, la menos oscura y tenebrosa, que ya llegaba hasta el hospital de campa&ntilde;a. Era un aparato peque&ntilde;o, como un m&iacute;nimo &oacute;rgano lleno de teclados semejante a la Klavier que alguna vez tuvo Hermeneutes, aquel que hoy lloraba en la cripta de la luz cada vez que se escond&iacute;a el sol, porque recuerda.<br />&ndash;Al fin y al cabo, el aniquilamiento no es tan problem&aacute;tico &ndash;le confi&oacute; el sacerdote Kalostro&ndash;. La censura tendr&aacute; menos trabajo a partir de ahora.<br />El alivio del prelado son&oacute; como una advertencia para Ibrahim Abdullah, condenado a sobrevivir el campo de batalla y la destrucci&oacute;n posterior para ver como el desierto extend&iacute;a sus lenguas sobre los ancestros, devor&aacute;ndose lo que una vez fue vergel. La tierra, o como quiera que se llame, era ahora esa esponja llena de esquirlas que ve&iacute;a por el monitor del aparato que le entreg&oacute; Kalostro. <br />&ndash;Ser&aacute;s el escribiente de la nueva era &ndash;seduc&iacute;a Kalostro al joven Ibrahim, que ya se sent&iacute;a hu&eacute;rfano como disc&iacute;pulo&ndash;. &iquest;No dec&iacute;as que conoc&iacute;as los textos? &iquest;No eras acaso el terror de la documentaci&oacute;n y la investigaci&oacute;n? Ahora ser&aacute;s quien resucitar&aacute; lo muerto y reconstruir&aacute;s las palabras que recuerdes, ser&aacute;s el almac&eacute;n de este resto de humanidad para que se sepa que somos poderosos, pero la aniquilaci&oacute;n nos es ajena...<br />Kalostro se sec&oacute; la frente como si el cinismo de su discurso le hubiera provocado alg&uacute;n escr&uacute;pulo.<br />&iquest;Cu&aacute;nto pesa un escr&uacute;pulo, Hermeneutes? &iquest;Cu&aacute;nto? Rog&oacute;, gimi&oacute;, se retorci&oacute; Ibrahim, pero no hab&iacute;a caso. Su Maestro ya no estaba ah&iacute; para responder, acaso no estar&iacute;a m&aacute;s para nada, hab&iacute;a quedado solo, definitivamente solo en esta tierra que alguna vez tambi&eacute;n hab&iacute;a sido suya, de ambos, de millones, pero ahora ya no se pod&iacute;a caminar por ella ni usar las piernas, los que a&uacute;n las tuviesen. La tierra que hab&iacute;a sido de todos y de todas se hab&iacute;a convertido en una ci&eacute;naga de pl&aacute;stico mortal para quien se aventurase fuera de su c&aacute;psula. <br />&ndash;Aunque los m&aacute;s pobres lo intentan &ndash;le cont&oacute; Kalostro en un &iacute;mpetu de sinceramiento&ndash;, como no les queda otra... ver&aacute;s, siempre hay alguna loca que se atreve a quitarse todo y a gritar a la intemperie.<br />Y el monitor de la peque&ntilde;a m&aacute;quina se iluminaba para revelar el mundo exterior.<br />Ganas de eles, pens&oacute; Ibrahim. Morir por una l&aacute;pida, l&aacute;mina, lacerante, litigio, luz, lagar, lilith, leer pidi&oacute;. <br />&ndash;L&aacute;grimas &ndash;agreg&oacute; el sacerdote&ndash;. L&aacute;grimas y l&aacute;tigo te faltan. <br />Desde entonces practicaba. Todas las tardes, desnudo y silencioso, mutaba sonidos, palabras, letras, g&aacute;rgaras, todo lo que pueda ser que no haya sido. Pero hasta ahora no le hab&iacute;a sido posible reencontrar ni reescribir ni confirmar alguno de los antiguos escritos. El viejo Hermeneutes, en tanto, se retorc&iacute;a durante los interrogatorios en la cripta blanca y pulcra y rechinaba por un poco de sombra. Basta ya de luz, d&eacute;jenme en paz, bramaba el prisionero, mientras Ibrahim Abdullah tomaba nota de cualquier cosa que recitase el viejo Maestro. <br />Aquella tarde, Hermeneutes hab&iacute;a despertado de su letargo y se abalanz&oacute; como gato enloquecido sobre Ibrahim, volvi&oacute; a escupir como cuando lo hab&iacute;an recogido en la biblioteca humeante, mientras sus escribas se hund&iacute;an en la ci&eacute;naga de pl&aacute;stico para siempre. Con ella desaparec&iacute;an tambi&eacute;n las l&aacute;minas, los mensajes, el papel, la &uacute;ltima fibra de luz donde alguna vez hab&iacute;an dejado sus huellas los seres. Ninguno de los asesinos llor&oacute;. Definitivamente aliviados, los saqueadores se dedicaron a la farra viva de lotearse las escrituras y despu&eacute;s eliminarlas para siempre. No habr&aacute; nada que las recuerde ni palabras que digan que alguna vez fueron, de aqu&iacute; en m&aacute;s no ser&aacute;n nunca jam&aacute;s y para siempre estar&aacute;n fuera del mundo y el olvido. Perecederas ser&aacute;n. Fue la condena.<br />&iquest;Cu&aacute;n amplio es el olvido? &iquest;De qu&eacute; color son sus praderas? Ser&aacute; como la pampa, acaso, como el desierto, los contornos bajo el hacha, se pregunt&oacute; Ibrahim. En vano. Nadie vendr&aacute; a responderle. El viejo Hermeneutes acababa de expirar. Su vida ya no ser&aacute;. Su memoria tampoco. Y el viejo se hundi&oacute; lentamente en la hirviente textura de la ci&eacute;naga que como todos saben, encierra el para&iacute;so. <br />Entonces Ibrahim Abdullah comenz&oacute; a escribir, tembloroso, con sus dedos met&aacute;licos, aquello que le dictara su memoria, embelesado, poseso, como si copiara de alg&uacute;n papiro imaginario reflotado por un instante del olvido.<br />&ndash;Mu&eacute;strame lo tuyo, Ibrahim &ndash;le sob&oacute; el lomo por la noche el Supremo, que amaba el perfume de los j&oacute;venes m&aacute;s que cualquier otro sentido y que hubiera dado gran parte de ese reino maldito por un poco m&aacute;s de belleza y menos de codicia. Pero, ah, la perra vida siempre se sal&iacute;a con la suya. Husme&oacute; por sobre el hombro del joven, reconoci&oacute; aquella frase que reproduc&iacute;a el monitor y entonces supo que todo comenzar&iacute;a de nuevo. <br />&ndash;Lindo tu ap&oacute;crifo, muchacho, dijo, y ley&oacute; en voz alta como si supiera:<br />&ldquo;hen un lugar de La Mancha de cullo nonvre no quiero hacordarme...&rdquo;<br /><br />&copy; de la autora <br /><br />]]></description><pubDate>Sun, 17 Dec 2006 19:52:00 +0000</pubDate></item><item><title>Amanda Pedrozo - Paraguay</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121703-amanda-pedrozo-paraguay.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121703-amanda-pedrozo-paraguay.php</guid><description><![CDATA[<strong>El se&ntilde;or de la noche.<br /></strong><br />Rosal&iacute; estuvo todos esos d&iacute;as pensativa. Miraba desde su sill&oacute;n de mimbre a su nieta que cantaba, perdida en un sue&ntilde;o repetido, donde se le aparec&iacute;a el amante nocturno con su olor a monte y misterio, destap&aacute;ndola despacito para ir hundi&eacute;ndose despu&eacute;s con fuerza en su cuerpo, sin decir una sola palabra. La nieta Atilana hab&iacute;a cambiado desde entonces. Ella, la tristona, estaba loca de contento. Ella, la que no paraba de contar sus penas, callaba tercamente ahora, pero en vano: se le notaba a la legua que andaba en amores... <br />El tronco como desnudo de la nieta, los pasos que no se o&iacute;an al borde de la cama, sino m&aacute;s lejos y como afuera bajo los mangos, el olor a sobaco h&uacute;medo que quedaba pegado hasta en las paredes de tacuara y barro colorado despu&eacute;s de que el amado intruso hurgara bajo el camis&oacute;n de bombas&iacute; rosado de Atilana, sin que &eacute;sta hiciera nada, salvo exhalar su olor nuevo para juntarlo con el otro aroma casi desvanecedor, fueron haciendo el injusto milagro de rejuvenecer a la anciana sin lograr traerla devuelta de su carne machucada sin remedio.<br />De d&iacute;a, no pod&iacute;a dormir. Quer&iacute;a apropiarse con los ojos de Atilana. A veces le dol&iacute;an las arrugas cuando con su escasa vista percib&iacute;a un ara&ntilde;azo en los hombros carnosos de la muchacha o un moret&oacute;n azulado en el cuello. De noche, tampoco pod&iacute;a, porque esperaba con los ojos prendidos en la oscuridad el andar extra&ntilde;o que no se pod&iacute;a o&iacute;r, sino sentir solamente. Se hab&iacute;a llegado a comer un poco de tabaco que &eacute;l, en su silenciosa puntualidad nocturna, dej&oacute; tirado en el borde del catre. <br />A Rosal&iacute; le sirvi&oacute; la peque&ntilde;a sustancia marr&oacute;n para el d&iacute;a entero. Se la pas&oacute; mascando de a puchitos, hasta que tuvo que resignarse a tragarse con la saliva terrosa el &uacute;ltimo resto de sue&ntilde;o que le quedaba. Despu&eacute;s se qued&oacute; pensativa en el sill&oacute;n de mimbre, fraguando la felicidad, el colmo, el desespero amoroso. <br />Esa noche iba a concretar la locura. Ni pudo tragarse el guiso de p&aacute;jaros que Atilana prepar&oacute; casi sin darse cuenta. La muchacha as&iacute; ven&iacute;a haciendo todas las cosas en los &uacute;ltimos d&iacute;as, desde que empez&oacute; a florecer en la humedad de la noche. As&iacute; que Rosal&iacute; enred&oacute; tanto las cosas, invent&oacute; las mil y una, y entre vuelta y vuelta de cuentos que iba soltando a la nieta, &eacute;sta no pudo rechazar un vasito de guaripola. A un vasito sigui&oacute; otro, y finalmente Atilana termin&oacute; durmiendo en la cama de su abuela, y &eacute;sta se tumb&oacute; en el catre de la muchacha, envuelta en el camis&oacute;n rosado de bombas&iacute; que ol&iacute;a a una flor y a un cielo cargado de lluvia. <br />Llegada la medianoche, Rosal&iacute; ten&iacute;a el cuerpo dispuesto, aunque el cuerpo no hac&iacute;a honor a su arrebato. Primero, en la noche, se sinti&oacute; una alteraci&oacute;n de gallinas desde la esquina del tatakua. Despu&eacute;s, el viento pareci&oacute; detenerse sobre la puerta y Rosal&iacute; sinti&oacute; con el olfato que &eacute;l, el amado silencioso, ya estaba all&iacute;, que la tocaba casi, que lo ten&iacute;a encima, hurg&aacute;ndole el camis&oacute;n rosado de bombas&iacute; con una violencia incre&iacute;ble, que la arroj&oacute; sobre s&iacute; misma y la repleg&oacute; con su sorpresa y locura. En el centro mismo de un rel&aacute;mpago, tuvo todas las certezas en un solo instante. <br />Lo vio, m&aacute;s fuerza que cuerpo, m&aacute;s negro que el m&aacute;s oscuro de los pecados, m&aacute;s h&uacute;medo que la respiraci&oacute;n del abuelo cuando el asma lo sum&iacute;a en la demencia. Puro pelos y ojos encendidos, el amado sustra&iacute;do por una noche, el apenas entrevisto, silb&oacute; una sola vez, y la estrangul&oacute;. Dijeron al d&iacute;a siguiente los otros nietos, que el Se&ntilde;or de la Noche, aquel cuya nombre en guaran&iacute; no deb&iacute;a ser jam&aacute;s pronunciado, hab&iacute;a estado en la casa, y que hab&iacute;a matado a Rosal&iacute; para violar a Atilana, que empez&oacute; a vagar su delirio incurable desde ese momento y para siempre, bajo los mangos frondosos y la dudosa soledad del tatakua. <br /><br />&copy; de la autora </p><p align="justify"></p>]]></description><pubDate>Sun, 17 Dec 2006 19:44:00 +0000</pubDate></item><item><title>Amanda Pedrozo - Paraguay</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121702-amanda-pedrozo-paraguay.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121702-amanda-pedrozo-paraguay.php</guid><description><![CDATA[<strong>Reflexi&oacute;n<br /></strong><br />Si no tuviera<br />este enjambre de amor en el pecho<br />ser&iacute;a perfecto<br />vivir a tu lado buenamente<br />como se recomienda<br />palidecer cont&aacute;ndote cuentos<br />acerca de nietos y de insecticidas.<br /><br />Si no tuviera<br />los pies incontrolables<br />ser&iacute;a edificante<br />comerme las preguntas<br />esperarte quieta<br />con una sombra leve en la manos<br />lim&aacute;ndose las u&ntilde;as.<br /><br />Si no tuviera<br />traumas y pecados inmortales<br />probablemente<br />estar&iacute;a cometiendo padrenuestros<br />y en silencio<br />buscar&iacute;a entre las sacaras palabras<br />alguna que permitiera la desobediencia.<br /><br />Si no tuviera<br />tantos argumentos indecentes<br />estar&iacute;a mirando<br />c&oacute;mo el aburrimiento<br />crece<br />y no ser&iacute;a &eacute;sta que te piensa ahora<br />sobre otro cuerpo<br />y otra calle<br />en otra noche. <br /><br />&copy; de la autora </p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sun, 17 Dec 2006 12:42:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pilar Romano - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121701-pilar-romano-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/121701-pilar-romano-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Misi&oacute;n.<br /></strong><br />Vi el sendero tendido ante m&iacute;<br />y vengo,<br />con mis sandalias, mi nostalgia, mi oscuridad.<br />Tal vez un poco extra&ntilde;a, conmovida,<br />segura de tener por delante<br />alg&uacute;n tipo de misi&oacute;n.<br />...el sol sigue girando en el centro,<br />abrazando los verdes<br />con esa furia de luz poderosa.<br />Tambi&eacute;n siguen<br />el olor a pasto fresco <br />y a ciudad fatigada.<br />Pero hay cosas que debo ayudar a cambiar,<br />por ejemplo,<br />encontrar un modo nuevo<br />de responder al lenguaje <br />con que nos habla la in-humanidad,<br />Tal vez palabras de &aacute;ngeles<br />pronunciadas con cautela,<br />tal vez el idioma del coraje y la lealtad.<br />Pero no m&aacute;s movimientos de hombros<br />como &uacute;nica respuesta.<br /><br />&copy; de la autora <br /><br />]]></description><pubDate>Sun, 17 Dec 2006 12:37:00 +0000</pubDate></item><item><title>Rub&#xE9;n Vela - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111113-ruben-vela-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111113-ruben-vela-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Maneras de luchar. <br /></strong><br />Que no me digan <br />que escriben simplemente, <br />que dicen el poema <br />sin pensarlo siquiera. <br />Que &eacute;l nace porque s&iacute;. <br />Es un arduo trabajo, <br />un oficio de herreros, <br />un hacer proletario. <br />Un cansancio que continuar&aacute; ma&ntilde;ana. <br />Que no me digan <br />que se hacen poemas sin sudores, <br />sin una larga y violenta jornada de trabajo. <br />Tengo las manos como las de un labriego, <br />duras, gastadas, llenas de poemas. <br /><br />&copy; del autor<br /><br /><br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 12:32:00 +0000</pubDate></item><item><title>Olga Orozco - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111112-olga-orozco-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111112-olga-orozco-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Densos velos te cubren, poes&iacute;a. <br /></strong><br />No es en este volc&aacute;n que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco, <br />ni es esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza, <br />sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran, <br />como el secreto yo y las indescifrables colonias de otro mundo. <br />Noches y d&iacute;as con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol, <br />atisbando en el cielo una se&ntilde;al, <br />la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo, <br />una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta. <br />Algo con que alumbrar las s&iacute;labas dispersas de un c&oacute;digo perdido <br />para poder leer en estas piedras mi costado invisible. <br />Pero ning&uacute;n pentecost&eacute;s de alas ardientes desciende sobre m&iacute;. <br />&iexcl;Variaciones del humo, <br />retazos de tinieblas con m&aacute;scaras de plomo, <br />meteoros innominados que me sustraen la visi&oacute;n entre un batir de puertas! <br />Noches y d&iacute;as fortificada en la clausura de esta piel, <br />escarbando en la sangre como un topo, <br />removiendo en los huesos las fundaciones y las l&aacute;pidas, <br />en busca de un indicio como de un talism&aacute;n que me revierta la divisi&oacute;n y la ca&iacute;da. <br />&iquest;D&oacute;nde fue sepultada la semilla de mi peque&ntilde;o verbo a&uacute;n sin formular? <br />&iquest;En qu&eacute; Delfos perdido en la corriente suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para manifestarse? <br />&iquest;Y c&oacute;mo asir el signo a la deriva -ese y no cualquier otro-en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio? <br />No hay respuesta que estalle como una constelaci&oacute;n entre harapos nocturnos. <br />&iexcl;Apenas si fantasmas insondables de las profundidades, <br />territorios que comunican con pantanos, <br />astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada! <br />Sin embargo ahora mismo <br />o alguna vez no s&eacute; qui&eacute;n sabe puede ser <br />a trav&eacute;s de las dobles espesuras que cierran la salida <br />o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante <br />cre&iacute; verte surgir como una isla <br />quiz&aacute;s como una barca entre las nubes <br />o un castillo en el que alguien canta <br />o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos. <br />&iexcl;Ah las manos cortadas, los ojos que encandilan y el o&iacute;do que atruena! <br />&iexcl;Un pu&ntilde;ado de polvo, mis vocablos! <br /><br />&copy; de los herederos de la autora<br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 12:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pablo Neruda - Chile</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111111-pablo-neruda-chile.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111111-pablo-neruda-chile.php</guid><description><![CDATA[<strong>Sobre una poes&iacute;a sin pureza.<br /></strong><br /><em>Es muy conveniente, en ciertas horas del d&iacute;a o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: Las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carboner&iacute;as, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos de carpinteros. De ellos se desprende el contacto del hombre y de la tierra como una lecci&oacute;n para el torturado poeta l&iacute;rico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atm&oacute;sfera a menudo tr&aacute;gica y siempre pat&eacute;tica de estos objetos, infunde una especie de atracci&oacute;n no despreciable hacia la realidad del mundo. La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupaci&oacute;n, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atm&oacute;sfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. As&iacute; sea la poes&iacute;a que buscamos, gastada como por un &aacute;cido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poes&iacute;a impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrici&oacute;n, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sue&ntilde;os, vigilia, profec&iacute;as, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias pol&iacute;ticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos. La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, o&iacute;do, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del oc&eacute;ano, sin excluir deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poes&iacute;a manchado de palomas digitales, Con huellas de diente y hielo, ro&iacute;do tal vez levemente por el sudor y uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad dur&iacute;sima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen tambi&eacute;n esa consistencia especial, ese recurso de un magnifico tacto. Y no olvidemos nunca la melancol&iacute;a, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atr&aacute;s por el fren&eacute;tico libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, "coraz&oacute;n m&iacute;o" son sin duda lo po&eacute;tico elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo. <br /></em>(Para nacer he nacido) <br /><br />&copy; de los herederos del autor <p align="justify"><br /></p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 11:28:00 +0000</pubDate></item><item><title>Ra&#xFA;l Gustavo Aguirre - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111110-raul-gustavo-aguirre-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111110-raul-gustavo-aguirre-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Acerca de la poes&iacute;a. <br /></strong><br /><em>"El ejercicio de la poes&iacute;a siempre se tratar&aacute; de una tragedia, y para colmo, de una tragedia solitaria: mal le&iacute;dos y peor comprendidos, los verdaderos poetas, a pesar de las apariencias, son (desde el punto de vista del p&uacute;blico) p&oacute;stumos. La ventura del poeta es otra: consiste en realizarse en su supremo acto de comunicaci&oacute;n (que es siempre un don, una entrega de s&iacute; mismo a los otros), realizarse en el acto supremo del poema. Y all&iacute; termina lo principal. El resto es circunstancia, azar, ruido o silencio de la feria, y nada m&aacute;s." <br /></em>(de una carta de Ra&uacute;l Gustavo Aguirre) <br /><br />&copy; de los herederos del autor</p><p><br /></p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 10:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>Juan Gelman - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111109-juan-gelman-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111109-juan-gelman-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Arte po&eacute;tica.<br /></strong><br />Entre tantos oficios ejerzo &eacute;ste que no es m&iacute;o,<br />como un amo implacable<br />me obliga a trabajar de d&iacute;a, de noche,<br />con dolor, con amor,<br />bajo la lluvia, en la cat&aacute;strofe,<br />cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,<br />cuando la enfermedad hunde las manos.<br />A este oficio me obligan los dolores ajenos,<br />las l&aacute;grimas, los pa&ntilde;uelos saludadores,<br />las promesas en medio del oto&ntilde;o o del fuego,<br />los besos del encuentro, los besos del adi&oacute;s,<br />todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre. <br />Nunca fui el due&ntilde;o de mis cenizas, mis versos,<br />rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte. <br /><br />&copy; del autor<br />]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 09:54:00 +0000</pubDate></item><item><title>Armando Tejada G&#xF3;mez - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111108-armando-tejada-gomez-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111108-armando-tejada-gomez-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Amo.<br /></strong><br />Amo,<br />como el que m&aacute;s,<br />mientras cruzo la vida,<br />el decoro apacible<br />de las grandes familias<br />cuando ponen la mesa festiva de diciembre<br />y suena a cancionero el pan de la alegr&iacute;a.<br />Amo,<br />sin vuelta de hoja,<br />la ternura del d&iacute;a,<br />la sal, el noble vino,<br />la abundante comida<br />y tengo a esa hora coral cierta evidencia,<br />cierta noci&oacute;n de j&uacute;bilo<br />de ra&iacute;z en s&iacute; misma.<br />&iquest;Has estado en diciembre como en un campanario<br />compartiendo el decoro y el pan de las familias?<br />&iexcl;Salud, hermano lejos,<br />mientras cruzas la vida! <br /><br />&copy; de los herederos del autor <br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 09:51:00 +0000</pubDate></item><item><title>Pilar Romano - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111107-pilar-romano-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111107-pilar-romano-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Tiempo de lavar.<br /></strong><br />No estaba pensando en &eacute;l. En realidad no estaba pensando en nada, sin embargo su mente, o su alma &mdash;qui&eacute;n sabe d&oacute;nde dormitan estas determinaciones&mdash; se llen&oacute; de golpe con la decisi&oacute;n de que lo perdonar&iacute;a. Despu&eacute;s de todo, la culpable era ella, por haberse enamorado de un hombre que llevaba en el bolsillo una m&aacute;scara. <br />Mir&oacute; hacia el peque&ntilde;o jard&iacute;n; el viento levantaba un polvo seco y agitaba los tallos de las plantas que hac&iacute;a por lo menos una semana no regaba. Contra un cielo casi met&aacute;lico revoloteaban, como todas los d&iacute;as a esa hora, unos p&aacute;jaros parecidos a pedazos de papel chamuscado mecidos por el aire que seguramente tambi&eacute;n se mov&iacute;a all&aacute; arriba. &laquo;Cuando extienda la ropa se volver&aacute; a ensuciar&raquo;, pens&oacute;, pero sigui&oacute; cargando con polvo de jab&oacute;n el lavarropas, como si sus acciones estuvieran desconectadas de la raz&oacute;n. <br />Sinti&oacute; que deb&iacute;a hacer un esfuerzo y pensar. Quer&iacute;a estar segura de lo que har&iacute;a antes de que volviera el fastidio de la noche para enredarla en la incertidumbre. A esa hora el destino siempre le mostraba incertidumbre. Deb&iacute;a estar segura antes de o&iacute;r de nuevo las palabras de brujo con que &eacute;l hab&iacute;a alquilado su destino, segura antes de ceder a la tentaci&oacute;n de encender la l&aacute;mpara y bailar con falda de gitana sobre las promesas incumplidas. <br />Aunque no lograra pensar, estaba segura de que lo perdonar&iacute;a. <br />&laquo;Siempre me inquiet&oacute; el blanco&raquo;, record&oacute;; quiz&aacute; por eso su gata Elka era negra. Sinti&oacute; el roce tibio de la piel peluda de Elka roz&aacute;ndole las pantorrillas, mientras el polvo blanco del jab&oacute;n segu&iacute;a dispers&aacute;ndose sobre el agua. &iquest;Cu&aacute;nto har&iacute;a que sosten&iacute;a el envase que terminaba de abrir? &iquest;No ser&iacute;a ya suficiente? <br />&laquo;Deber&iacute;a haber maridos descartables&raquo;, sigui&oacute; divagando, &laquo;como este envase, como maniqu&iacute;es casi, pero medio humanos; ser&iacute;an mejores que estos otros con la fidelidad de un gato mont&eacute;s.&raquo; Hizo un repaso de las aventuras de Javier, de aquellas que hab&iacute;a logrado soportar y digerir. Lo hab&iacute;a absuelto en todas, incluso en la &uacute;ltima. Menos una: nunca, hasta ese momento, hab&iacute;a podido perdonarle aqu&eacute;lla con la catequista de Elenita. Estaba la nena de por medio. Por la nena hab&iacute;a conocido a esa falsa aprendiz de monjita. El episodio se le aparec&iacute;a siempre como una obscenidad navegando en agua bendita. <br />Y de pronto, en esa siesta de oto&ntilde;o, la s&uacute;bita e infundada sensaci&oacute;n de que pod&iacute;a perdonarlo. &laquo;&iquest;No ser&aacute; demasiado jab&oacute;n?&raquo; Suspendi&oacute; la carga al sentir un insobornable deseo de descansar, aunque fuera por un rato. Puso en marcha el lavarropas y se sent&oacute; en una de las sillas del patio. Quiso tomar a Elka para acariciarla sobre su regazo, pero ella se alej&oacute;. &laquo;Qu&eacute; raro...&raquo;, el olor a jab&oacute;n en polvo siempre la hizo estornudar... Con los ojos semicerrados, vio c&oacute;mo la espuma empezaba a desbordarse, a avanzar hacia ella, a ocuparlo todo, pero su mente nada pod&iacute;a articular, salvo la idea de que lo hab&iacute;a perdonado. Luego ir&iacute;a al dormitorio para dec&iacute;rselo. Por ahora, se abandonar&iacute;a a esa placentera experiencia de flotar sobre la espuma, sentada en su silla, recorriendo toda la casa, rodeada de un blanco que por primera vez le pareci&oacute; bell&iacute;simo, interrumpido tan s&oacute;lo por el luctuoso morado de una de las medias de Javier que se hab&iacute;a escapado de la lavadora y flotaba junto a ella. <br /><br />La silla, arrastrada por la espuma, entr&oacute; con ella por la puerta de la cocina y le pareci&oacute; que las tapas de las cacerolas hac&iacute;an un sonido semejante al de una fanfarria. Luego pas&oacute; al comedor; a&uacute;n no hab&iacute;a retirado el mantel del almuerzo. Sigui&oacute; hasta el cuarto de Elenita y no le pareci&oacute; vac&iacute;o esta vez. Ella no estaba pero no le pareci&oacute; vac&iacute;o. Desde all&iacute; flot&oacute; por un pasillo hacia el dormitorio donde descansaba Javier, casi no se lo ve&iacute;a a Javier, tapado por la espuma. Usando las manos como aletas de foca logr&oacute; dejar el rostro y el torso al descubierto... esa leve cicatriz en el labio inferior que la hab&iacute;a incitado a averiguar qu&eacute; gusto ten&iacute;a... y esas manos como para dejarlas hacer... no lo despertar&iacute;a ahora, le hablar&iacute;a m&aacute;s tarde de su perd&oacute;n. <br />La corriente de espuma la acerc&oacute; a la ventana, que se abri&oacute; casi reverente. Su cuerpo le parec&iacute;a poco m&aacute;s que un juguete, apenas una peque&ntilde;a pieza de ajedrez en medio de una tregua sin mentiras, apenas el marco de un viejo cuadro que alguien decide descolgar. <br />Sinti&oacute; que todo lo que sab&iacute;a dejaba de tener sentido y no reconoci&oacute; los lugares por donde iba; le pareci&oacute; que ella ten&iacute;a infinidad de nombres y que hab&iacute;a infinitos nombres para llamar a las otras personas y a las cosas, que hab&iacute;a vuelto a ser pura y que ya nadie, detr&aacute;s de la espuma, la reconocer&iacute;a. <br /><br />&copy; de la autora </p><p>&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 09:33:00 +0000</pubDate></item><item><title>Esther Andradi - Argentina/Alemania</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111106-esther-andradi-argentina-alemania.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111106-esther-andradi-argentina-alemania.php</guid><description><![CDATA[<strong>La Il&iacute;aca <br /></strong><br /><em>Apuntes autobiogr&aacute;ficos (fragmento) <br /></em><br />En Alejandr&iacute;a me desollaron viva: <br />con erizos una turba arranc&oacute; mi piel despu&eacute;s de asaltarme en nombre de su dios, <br />en su honor quemaron la Biblioteca, <br />bien dicen que las llamas apaciguan a las fieras, <br />cenizas al viento, <br />y jam&aacute;s hubo quien pudiese reproducir mis papiros; <br />tambi&eacute;n mis disc&iacute;pulos hirvieron en el odio, <br />desde entonces el fuego viene escribiendo mis memorias <br />En Tebas un toro hundi&oacute; su guampa en mi pelvis <br />frente a un coro de fan&aacute;ticos que me hab&iacute;a llevado hasta all&iacute; para condenar <br />de esa forma y para siempre <br />la rotaci&oacute;n de mis caderas, <br />mientras me desangraba apostaban sus tesoros entre ellos <br />por saber si me hab&iacute;a gustado <br />y alguno que otro me musit&oacute; al o&iacute;do su gangosa apetencia, <br />as&iacute; veneraron los nobles mis poderes <br />En Europa el potro se com&iacute;a mi carne a dentelladas <br />y en China mis pies eran reducidos a l&aacute;grima viva <br />recortados-asfixiados-calibrados por torturadores de gota gorda <br />que anhelaban un instrumento para atenuar sus hemorroides <br />Alejandro se ensa&ntilde;&oacute; con los hijos de mi vientre cuando me negu&eacute; a bailar para la tropa, <br />y varios generales cuyos nombres ya son pasto del olvido <br />arrojaron sus excrecencias sobre mi piel mientras amamantaba, <br />la pira que elevaron con los cuerpos de mi prole incendi&oacute; el aire con &aacute;cido de miedo <br />me taparon la boca con hierros candentes, <br />con cal viva cosieron mis o&iacute;dos, <br />con conchas de n&aacute;car desgarraron mi piel, <br />con sus espadas reventaron mis ojos, <br />penetraron con sus hedores mis narices <br />pero no pudieron aniquilarme ni matarme ni dormirme ni mutilarme ni rendirme ni pudrirme ni dispersarme ni desarmarme ni contagiarme <br />ni eliminar de una vez y para siempre el deseo de m&iacute; que hierve en todos sus cuerpos desde que estoy y soy como he sido <br />con pasi&oacute;n y memoria <br />porque tambi&eacute;n es cierto que en oriente mi vac&iacute;o inspir&oacute; templos sagrados, <br />en Delfos mi matriz narraba el futuro, <br />Afrodita llam&oacute; Histeria a sus org&iacute;as para celebrarme <br />y hasta la nave central de las construcciones del dios de occidente evoca mi centro sin nombrarlo <br />y si es verdad que en las c&eacute;lulas viene escrito el preceder, <br />el placer de conocer est&aacute; grabado en todos los idiomas de esta casa m&iacute;a, <br />a&uacute;n bloqueados los muros, <br />cerradas sus puertas, <br />el derrumbe sin embargo no es cosa de encantamiento, <br />miles y miles de a&ntilde;os acunando sabidur&iacute;a no es un d&iacute;a ni un mes, <br />vuelvo ahora para marcar territorio, <br />a zambullirme entre hemisferios, <br />a so&ntilde;ar en varias dimensiones el devenir, <br />&aacute;vido por recuperar la vibraci&oacute;n de mis o&iacute;dos, <br />sordo de tanto ruido recurro al tr&iacute;pode de mis huesos, incinerado, muerto y sepultado y sin poder callarlo, <br />entre cada minuto-segundo-instante cuando el latido reproduce en mi interior el engranaje que me condena y salva, <br />me arroja y sostiene, <br />me embellece y asombra, <br />rotaci&oacute;n del tiempo, <br />detenido y quieto, <br />y vuelvo a rodar por mis caderas en este punto donde traigo al mundo el mundo, <br />arco donde amanece, <br />ili&oacute;n que abre paso a la criatura, <br />clav&iacute;cula destinal, <br />pendiente de hueso &eacute;sta es mi il&iacute;aca, <br />compositora de m&uacute;sica sin que alguien la entone, <br />due&ntilde;a del himno que nadie canta, <br />origen de la palabra que no la nombra, <br />generadora de la historia que no la recuerda, <br />materia oscura que se danza el universo, <br />&eacute;sta es mi il&iacute;aca, <br />t&oacute;mala si puedes, <br />qu&eacute;mate los dedos, <br />pi&eacute;rdete en mi saqueo, <br />g&oacute;zate con mi leyenda, <br />aqui&eacute;tate en las aguas de mi sangre <br />y espera a que te alumbre ahora y en la hora de esta biograf&iacute;a: <br />Tengo dolores de parto. <br />Mi hija nacer&aacute; hoy de estos escombros, <br />mi cuerpo vuelve a cumplir veinte como ten&iacute;a ella cuando se la llevaron, <br />y aqu&iacute; estoy yo, <br />una do&ntilde;a como me llaman mis vecinas, <br />un trasto in&uacute;til para el patr&oacute;n que me despide, <br />una loca perdida para el milico que me golpea, <br />una se&ntilde;ora admirable seg&uacute;n mi viejo que en paz descanse. <br />Yo sigo regando malvones. <br />Si ma&ntilde;ana graniza, no me importa, los meter&eacute; adentro. <br />Y que viva la noche. <br />Me desabrocho la blusa. Como mi hija en primavera. <br />Sumerjo los pies en la palangana con agua caliente. Como mi hija en invierno. <br />Rezo las palabras secretas. Como mi hija en silencio. <br />Y que viva el sol. <br />Me pongo un sombrero para pasar el verano. <br />Como mi hija. <br />Por mi hija. <br />La que naci&oacute; un d&iacute;a de m&iacute;. <br />La que nace de m&iacute; otra vez mientras sigo cumpliendo siglos <br /><br />Nota - Ilion: hueso que forma el saliente de la cadera, el cual junto al isquion y el pubis forma el llamado &ldquo;hueso innominado o iliaco&rdquo; (Mar&iacute;a Moliner, Diccionario de uso del espa&ntilde;ol) <br /><br />&copy; de la autora]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 07:34:00 +0000</pubDate></item><item><title>Graciela Geller - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111105-graciela-geller-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111105-graciela-geller-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>La familia bien gracias. <br /></strong><br />sigue sus huellas<br />huele su olor por las veredas<br />contrata ojos suplementarios<br />pacta con dios y con el diablo <br />gasta su antorcha en extramuros<br />nada ahorra para sus profundas entretelas <br />espejo dieta vestidos<br />pinta sus l&aacute;grimas con el exacto color de esta temporada<br />y aguarda aguarda a que &eacute;l le diga<br />pero &eacute;l no dice <br />&iexcl;es que est&aacute; tan ocupado!<br />en sus trabajos en sus dineros en su autom&oacute;vil<br />y en apuntar las br&uacute;julas hacia su propio ombligo<br />por sobre todo<br />por sobre ella<br />por sobre todas <br />-&iquest;y la familia? <br />ay mujerque grita su orgasmo de rutina<br />muy cuidadosa ya que sus ni&ntilde;os pared por medio<br />eso s&iacute;: no tan seguido<br />salteando meses<br />cuando Rutina manda que sea usada como una esposa <br />ah mujer<br />devota y enemiga<br />tan feliz cuando en el pino de diciembre &eacute;l le cuelga esa mirada<br />como cuando lo descubre en falta<br />porque s&oacute;lo as&iacute; puede<br />porque as&iacute; impone y exige y quiebra<br />y le conf&iacute;a a las amigas<br />que por fin lo ha apresado de los test&iacute;culos (en lunfardo) <br />-bien gracias <br />as&iacute; las cosas espera el climax<br />y en medio del loco instante<br />le pregunta si a&uacute;n la quiere<br />y &eacute;l que s&iacute; claro<br />que como el primer d&iacute;a <br />Estos son los amores que le contaba.<br />Amores de los dientes para afuera.<br />Amores para toda la vida. <br /><br />&copy; de los herederos de la autora</p><p></p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 07:28:00 +0000</pubDate></item><item><title>Adriana D&#xED;az Crosta - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111104-adriana-diaz-crosta-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111104-adriana-diaz-crosta-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>Los pu&ntilde;os de la paloma.<br /></strong><br />Una gota de cart&oacute;n<br />una mano<br />mirando hacia arriba<br />un pico mordiendo<br />la intemperie<br />una sangre descuidada<br />pisada por la calle.<br />Detr&aacute;s de un paisaje de plumas<br />nosotros<br />con una fe descobijada<br />y lunas desnudas<br />y vuelos de barro<br />nosotros<br />entre sudadas azucenas<br />y estetoscopios ca&iacute;dos<br />y pu&ntilde;os masticando el aire.<br />Un racimo<br />desmigajado<br />un canto ardido<br />un hijo que se va<br />un matutino cerrado<br />un pensamiento debajo de la mesa<br />el parto de una flor<br />un sue&ntilde;o en remojo<br />por la boca<br />de la palangana<br />nosotros<br /><br />una c&oacute;lera de palomas.<br /><br /></p><p>&copy; de los herederos <br /><br /><em>Adriana D&iacute;az Crosta naci&oacute; en Santa Fe el 11 de enero de 1960. "Los pu&ntilde;os de la paloma" fue el t&iacute;tulo elegido por ella para su libro primog&eacute;nito. Muri&oacute; en Santo Tom&eacute; el 25 de mayo de 1995. Ten&iacute;a 35 a&ntilde;os. </em></p><p><em><br /></em></p>]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 07:14:00 +0000</pubDate></item><item><title>Norma Segades - Manias - Argentina</title><link>https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111103-norma-segades-manias-argentina.php</link><guid isPermaLink="true">https://lospunosdelapaloma.blogia.com/2006/111103-norma-segades-manias-argentina.php</guid><description><![CDATA[<strong>La escritora. <br /></strong><br /><em>"... porque hasta el &uacute;ltimo h&aacute;lito de vida voy a aferrarme a la conciencia." Leticia Ric&aacute;rdez (M&eacute;xico) <br /></em><br />La voz estalla en huecos de conciencia <br />con un gesto de espiga reclam&aacute;ndole al siglo sus silencios culpables. <br />La voz se eleva triste, sin ritmo de panfleto admonitorio <br />ni cadencia de muerte multiplicando co&aacute;gulos <br />ni palabras convulsas. <br />La voz busca engendrarse <br />con semen de fogatas pulsando en la vigilia, <br />en el c&aacute;ntaro azul de una esperanza ejercida a mansalva. <br />La voz quiere ser clara como el agua en la lluvia o la luz en la aurora. <br />La voz quiere ser largamente pura. <br />Pero ella no suscribe al disimulo, <br />renuncia a los secretos, abdica a los disfraces, reniega de mordazas. <br />Entonces ya no puede consentir los dolores encrespados, <br />admitir los vendajes que ciegan las pupilas, <br />omitir la denuncia. <br />Entonces se apasiona, <br />entonces se derrama como un b&aacute;lsamo tibio <br />entre todas las llagas rigurosas, entre todo el agravio, <br />entre todos los odios que invaden la intemperie cuando la vida exhibe <br />sus colmillos de eclipses y penumbras, <br />inventa algunas treguas tutelares, <br />alguna fe propicia que le encienda horizontes a pesar del espanto, <br />alg&uacute;n s&iacute;ntoma breve de escasas indulgencias malheridas, <br />un resto de plegaria agazapada <br />que funde otra liturgia... <br />Pero en el fondo sabe <br />que algo viene creciendo a trav&eacute;s de la pena <br />que, m&aacute;s all&aacute; de la quietud del viento, el hambre anda en jaur&iacute;as, <br />que tiene el coraz&oacute;n de pie en las coordenadas del m&aacute;s hondo cansancio, <br />que tiene el coraz&oacute;n sobre la furia. <br /><br />&copy; de la autora<br /><br />]]></description><pubDate>Sat, 11 Nov 2006 07:01:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
