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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.

11/11/2006

Raúl Gustavo Aguirre - Argentina

20061111140305-raulgustavoaguirre.jpgAcerca de la poesía.

"El ejercicio de la poesía siempre se tratará de una tragedia, y para colmo, de una tragedia solitaria: mal leídos y peor comprendidos, los verdaderos poetas, a pesar de las apariencias, son (desde el punto de vista del público) póstumos. La ventura del poeta es otra: consiste en realizarse en su supremo acto de comunicación (que es siempre un don, una entrega de sí mismo a los otros), realizarse en el acto supremo del poema. Y allí termina lo principal. El resto es circunstancia, azar, ruido o silencio de la feria, y nada más."
(de una carta de Raúl Gustavo Aguirre)

© de los herederos del autor


11/11/2006 10:03 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.

Pablo Neruda - Chile

20061111153515-neruda3.jpgSobre una poesía sin pureza.

Es muy conveniente, en ciertas horas del día o de la noche, observar profundamente los objetos en descanso: Las ruedas que han recorrido largas, polvorientas distancias, soportando grandes cargas vegetales o minerales, los sacos de las carbonerías, los barriles, las cestas, los mangos y asas de los instrumentos de carpinteros. De ellos se desprende el contacto del hombre y de la tierra como una lección para el torturado poeta lírico. Las superficies usadas, el gasto que las manos han infligido a las cosas, la atmósfera a menudo trágica y siempre patética de estos objetos, infunde una especie de atracción no despreciable hacia la realidad del mundo. La confusa impureza de los seres humanos se percibe en ellos, la agrupación, uso y desuso de los materiales, las huellas del pie y de los dedos, la constancia de una atmósfera humana inundando las cosas desde lo interno y lo externo. Así sea la poesía que buscamos, gastada como por un ácido por los deberes de la mano, penetrada por el sudor y el humo, oliente a orina y a azucena salpicada por las diversas profesiones que se ejercen dentro y fuera de la ley. Una poesía impura como un traje, como un cuerpo, con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos. La sagrada ley del madrigal y los decretos del tacto, olfato, gusto, vista, oído, el deseo de justicia, el deseo sexual, el ruido del océano, sin excluir deliberadamente nada, la entrada en la profundidad de las cosas en un acto de arrebatado amor, y el producto poesía manchado de palomas digitales, Con huellas de diente y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro. La flor, el trigo, el agua tienen también esa consistencia especial, ese recurso de un magnifico tacto. Y no olvidemos nunca la melancolía, el gastado sentimentalismo, perfectos frutos impuros de maravillosa calidad olvidada, dejados atrás por el frenético libresco: la luz de la luna, el cisne en el anochecer, "corazón mío" son sin duda lo poético elemental e imprescindible. Quien huye del mal gusto cae en el hielo.
(Para nacer he nacido)

© de los herederos del autor


11/11/2006 11:28 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.

Olga Orozco - Argentina

20061111160329-orosco3.jpgDensos velos te cubren, poesía.

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni es esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo y las indescifrables colonias de otro mundo.
Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.
Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!
Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división y la caída.
¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En qué Delfos perdido en la corriente suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva -ese y no cualquier otro-en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?
No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!
Sin embargo ahora mismo
o alguna vez no sé quién sabe puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes
o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos.
¡Ah las manos cortadas, los ojos que encandilan y el oído que atruena!
¡Un puñado de polvo, mis vocablos!

© de los herederos de la autora

11/11/2006 12:03 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.

Rubén Vela - Argentina

20061111163203-ruben-vela1.jpgManeras de luchar.

Que no me digan
que escriben simplemente,
que dicen el poema
sin pensarlo siquiera.
Que él nace porque sí.
Es un arduo trabajo,
un oficio de herreros,
un hacer proletario.
Un cansancio que continuará mañana.
Que no me digan
que se hacen poemas sin sudores,
sin una larga y violenta jornada de trabajo.
Tengo las manos como las de un labriego,
duras, gastadas, llenas de poemas.

© del autor



11/11/2006 12:32 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.

Sylvia Riestra - Uruguay

20061111095810-foto-de-sylvia-riestra.jpghay tantos presos en mi país

hay tantos presos en mi país
en mi primera persona del plural
que ya no se puede
dónde estarse a salvo
las madres no aciertan con sus vientres
y regurgitan el corazón
cuando oyen un motor diesel
lento
cerca
la memoria está preñada
-seccionado el nervio-
águilas oxidadas sobrevuelan el aire
se cierran las puertas
y las ventanas en voz baja
- nadie pregunta los nombres-
en las noches
se encienden tubos de neón
y se huele
y se oye

© de la autora


11/11/2006 05:58 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas No hay comentarios. Comentar.

Silvia Delgado Fuentes - España

20061121100525-silvia-delgado-fuentes.jpgLas mujeres saudíes no pueden votar, ni viajar sin autorización del marido o tutor masculino. No pueden conducir vehículos ni trabajar en la mayoría de las dependencias del estado y aunque obtengan empleo en el sector privado, lo usual es que se las ubique en un espacio público separado del destinado a los hombres.

Padre,
déjeme ir a la escuela
con el pelo corto
o velo y libro santo.
Padre,
guardaré silencio,
esconderé mis pechos,
ignoraré mis deseos.
Padre,
déjeme ir a la escuela,
no me exilie en el bordado,
ni en el fogón,
ni en el cuarto de partos.
Padre, deje, entre mis manos,
algo más que hilo,
harina,
déjeme libros,
palabras,
canciones,
silabarios.
Padre, deje que vaya a la escuela
a escuchar batallas,
a trabajar las letras,
a dibujar sumas y restas,
a leer historias de amores y de guerras.
Padre, deje que vaya a la escuela
para aprender lo mismo
que mis hermanos hombres.

Silvia Delgado Fuentes nació en un pueblo de la rioja alavesa, desde entonces hasta ahora, es nómada de pieles y geografías. No está prohibido llorar con los supervivientes es su primer libro publicado. Difunde sus versos en montajes que realiza alternando texto, música e imágenes.

© de la autora

11/11/2006 06:46 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas Hay 1 comentario.

Norma Segades - Manias - Argentina

20061121100040-norma1.jpgLa escritora.

"... porque hasta el último hálito de vida voy a aferrarme a la conciencia." Leticia Ricárdez (México)

La voz estalla en huecos de conciencia
con un gesto de espiga reclamándole al siglo sus silencios culpables.
La voz se eleva triste, sin ritmo de panfleto admonitorio
ni cadencia de muerte multiplicando coágulos
ni palabras convulsas.
La voz busca engendrarse
con semen de fogatas pulsando en la vigilia,
en el cántaro azul de una esperanza ejercida a mansalva.
La voz quiere ser clara como el agua en la lluvia o la luz en la aurora.
La voz quiere ser largamente pura.
Pero ella no suscribe al disimulo,
renuncia a los secretos, abdica a los disfraces, reniega de mordazas.
Entonces ya no puede consentir los dolores encrespados,
admitir los vendajes que ciegan las pupilas,
omitir la denuncia.
Entonces se apasiona,
entonces se derrama como un bálsamo tibio
entre todas las llagas rigurosas, entre todo el agravio,
entre todos los odios que invaden la intemperie cuando la vida exhibe
sus colmillos de eclipses y penumbras,
inventa algunas treguas tutelares,
alguna fe propicia que le encienda horizontes a pesar del espanto,
algún síntoma breve de escasas indulgencias malheridas,
un resto de plegaria agazapada
que funde otra liturgia...
Pero en el fondo sabe
que algo viene creciendo a través de la pena
que, más allá de la quietud del viento, el hambre anda en jaurías,
que tiene el corazón de pie en las coordenadas del más hondo cansancio,
que tiene el corazón sobre la furia.

© de la autora

11/11/2006 07:01 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas No hay comentarios. Comentar.

Adriana Díaz Crosta - Argentina

20061112134032-adrianajpg.jpgLos puños de la paloma.

Una gota de cartón
una mano
mirando hacia arriba
un pico mordiendo
la intemperie
una sangre descuidada
pisada por la calle.
Detrás de un paisaje de plumas
nosotros
con una fe descobijada
y lunas desnudas
y vuelos de barro
nosotros
entre sudadas azucenas
y estetoscopios caídos
y puños masticando el aire.
Un racimo
desmigajado
un canto ardido
un hijo que se va
un matutino cerrado
un pensamiento debajo de la mesa
el parto de una flor
un sueño en remojo
por la boca
de la palangana
nosotros

una cólera de palomas.

© de los herederos

Adriana Díaz Crosta nació en Santa Fe el 11 de enero de 1960. "Los puños de la paloma" fue el título elegido por ella para su libro primogénito. Murió en Santo Tomé el 25 de mayo de 1995. Tenía 35 años.


11/11/2006 07:14 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas No hay comentarios. Comentar.

Graciela Geller - Argentina

20061121095831-graciela1.jpgLa familia bien gracias.

sigue sus huellas
huele su olor por las veredas
contrata ojos suplementarios
pacta con dios y con el diablo
gasta su antorcha en extramuros
nada ahorra para sus profundas entretelas
espejo dieta vestidos
pinta sus lágrimas con el exacto color de esta temporada
y aguarda aguarda a que él le diga
pero él no dice
¡es que está tan ocupado!
en sus trabajos en sus dineros en su automóvil
y en apuntar las brújulas hacia su propio ombligo
por sobre todo
por sobre ella
por sobre todas
-¿y la familia?
ay mujerque grita su orgasmo de rutina
muy cuidadosa ya que sus niños pared por medio
eso sí: no tan seguido
salteando meses
cuando Rutina manda que sea usada como una esposa
ah mujer
devota y enemiga
tan feliz cuando en el pino de diciembre él le cuelga esa mirada
como cuando lo descubre en falta
porque sólo así puede
porque así impone y exige y quiebra
y le confía a las amigas
que por fin lo ha apresado de los testículos (en lunfardo)
-bien gracias
así las cosas espera el climax
y en medio del loco instante
le pregunta si aún la quiere
y él que sí claro
que como el primer día
Estos son los amores que le contaba.
Amores de los dientes para afuera.
Amores para toda la vida.

© de los herederos de la autora

11/11/2006 07:28 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas No hay comentarios. Comentar.

Esther Andradi - Argentina/Alemania

20061111113438-andradi.jpgLa Ilíaca

Apuntes autobiográficos (fragmento)

En Alejandría me desollaron viva:
con erizos una turba arrancó mi piel después de asaltarme en nombre de su dios,
en su honor quemaron la Biblioteca,
bien dicen que las llamas apaciguan a las fieras,
cenizas al viento,
y jamás hubo quien pudiese reproducir mis papiros;
también mis discípulos hirvieron en el odio,
desde entonces el fuego viene escribiendo mis memorias
En Tebas un toro hundió su guampa en mi pelvis
frente a un coro de fanáticos que me había llevado hasta allí para condenar
de esa forma y para siempre
la rotación de mis caderas,
mientras me desangraba apostaban sus tesoros entre ellos
por saber si me había gustado
y alguno que otro me musitó al oído su gangosa apetencia,
así veneraron los nobles mis poderes
En Europa el potro se comía mi carne a dentelladas
y en China mis pies eran reducidos a lágrima viva
recortados-asfixiados-calibrados por torturadores de gota gorda
que anhelaban un instrumento para atenuar sus hemorroides
Alejandro se ensañó con los hijos de mi vientre cuando me negué a bailar para la tropa,
y varios generales cuyos nombres ya son pasto del olvido
arrojaron sus excrecencias sobre mi piel mientras amamantaba,
la pira que elevaron con los cuerpos de mi prole incendió el aire con ácido de miedo
me taparon la boca con hierros candentes,
con cal viva cosieron mis oídos,
con conchas de nácar desgarraron mi piel,
con sus espadas reventaron mis ojos,
penetraron con sus hedores mis narices
pero no pudieron aniquilarme ni matarme ni dormirme ni mutilarme ni rendirme ni pudrirme ni dispersarme ni desarmarme ni contagiarme
ni eliminar de una vez y para siempre el deseo de mí que hierve en todos sus cuerpos desde que estoy y soy como he sido
con pasión y memoria
porque también es cierto que en oriente mi vacío inspiró templos sagrados,
en Delfos mi matriz narraba el futuro,
Afrodita llamó Histeria a sus orgías para celebrarme
y hasta la nave central de las construcciones del dios de occidente evoca mi centro sin nombrarlo
y si es verdad que en las células viene escrito el preceder,
el placer de conocer está grabado en todos los idiomas de esta casa mía,
aún bloqueados los muros,
cerradas sus puertas,
el derrumbe sin embargo no es cosa de encantamiento,
miles y miles de años acunando sabiduría no es un día ni un mes,
vuelvo ahora para marcar territorio,
a zambullirme entre hemisferios,
a soñar en varias dimensiones el devenir,
ávido por recuperar la vibración de mis oídos,
sordo de tanto ruido recurro al trípode de mis huesos, incinerado, muerto y sepultado y sin poder callarlo,
entre cada minuto-segundo-instante cuando el latido reproduce en mi interior el engranaje que me condena y salva,
me arroja y sostiene,
me embellece y asombra,
rotación del tiempo,
detenido y quieto,
y vuelvo a rodar por mis caderas en este punto donde traigo al mundo el mundo,
arco donde amanece,
ilión que abre paso a la criatura,
clavícula destinal,
pendiente de hueso ésta es mi ilíaca,
compositora de música sin que alguien la entone,
dueña del himno que nadie canta,
origen de la palabra que no la nombra,
generadora de la historia que no la recuerda,
materia oscura que se danza el universo,
ésta es mi ilíaca,
tómala si puedes,
quémate los dedos,
piérdete en mi saqueo,
gózate con mi leyenda,
aquiétate en las aguas de mi sangre
y espera a que te alumbre ahora y en la hora de esta biografía:
Tengo dolores de parto.
Mi hija nacerá hoy de estos escombros,
mi cuerpo vuelve a cumplir veinte como tenía ella cuando se la llevaron,
y aquí estoy yo,
una doña como me llaman mis vecinas,
un trasto inútil para el patrón que me despide,
una loca perdida para el milico que me golpea,
una señora admirable según mi viejo que en paz descanse.
Yo sigo regando malvones.
Si mañana graniza, no me importa, los meteré adentro.
Y que viva la noche.
Me desabrocho la blusa. Como mi hija en primavera.
Sumerjo los pies en la palangana con agua caliente. Como mi hija en invierno.
Rezo las palabras secretas. Como mi hija en silencio.
Y que viva el sol.
Me pongo un sombrero para pasar el verano.
Como mi hija.
Por mi hija.
La que nació un día de mí.
La que nace de mí otra vez mientras sigo cumpliendo siglos

Nota - Ilion: hueso que forma el saliente de la cadera, el cual junto al isquion y el pubis forma el llamado “hueso innominado o iliaco” (María Moliner, Diccionario de uso del español)

© de la autora
11/11/2006 07:34 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Poemas No hay comentarios. Comentar.

Pilar Romano - Argentina

20061121100729-pilar-romano.jpgTiempo de lavar.

No estaba pensando en él. En realidad no estaba pensando en nada, sin embargo su mente, o su alma —quién sabe dónde dormitan estas determinaciones— se llenó de golpe con la decisión de que lo perdonaría. Después de todo, la culpable era ella, por haberse enamorado de un hombre que llevaba en el bolsillo una máscara.
Miró hacia el pequeño jardín; el viento levantaba un polvo seco y agitaba los tallos de las plantas que hacía por lo menos una semana no regaba. Contra un cielo casi metálico revoloteaban, como todas los días a esa hora, unos pájaros parecidos a pedazos de papel chamuscado mecidos por el aire que seguramente también se movía allá arriba. «Cuando extienda la ropa se volverá a ensuciar», pensó, pero siguió cargando con polvo de jabón el lavarropas, como si sus acciones estuvieran desconectadas de la razón.
Sintió que debía hacer un esfuerzo y pensar. Quería estar segura de lo que haría antes de que volviera el fastidio de la noche para enredarla en la incertidumbre. A esa hora el destino siempre le mostraba incertidumbre. Debía estar segura antes de oír de nuevo las palabras de brujo con que él había alquilado su destino, segura antes de ceder a la tentación de encender la lámpara y bailar con falda de gitana sobre las promesas incumplidas.
Aunque no lograra pensar, estaba segura de que lo perdonaría.
«Siempre me inquietó el blanco», recordó; quizá por eso su gata Elka era negra. Sintió el roce tibio de la piel peluda de Elka rozándole las pantorrillas, mientras el polvo blanco del jabón seguía dispersándose sobre el agua. ¿Cuánto haría que sostenía el envase que terminaba de abrir? ¿No sería ya suficiente?
«Debería haber maridos descartables», siguió divagando, «como este envase, como maniquíes casi, pero medio humanos; serían mejores que estos otros con la fidelidad de un gato montés.» Hizo un repaso de las aventuras de Javier, de aquellas que había logrado soportar y digerir. Lo había absuelto en todas, incluso en la última. Menos una: nunca, hasta ese momento, había podido perdonarle aquélla con la catequista de Elenita. Estaba la nena de por medio. Por la nena había conocido a esa falsa aprendiz de monjita. El episodio se le aparecía siempre como una obscenidad navegando en agua bendita.
Y de pronto, en esa siesta de otoño, la súbita e infundada sensación de que podía perdonarlo. «¿No será demasiado jabón?» Suspendió la carga al sentir un insobornable deseo de descansar, aunque fuera por un rato. Puso en marcha el lavarropas y se sentó en una de las sillas del patio. Quiso tomar a Elka para acariciarla sobre su regazo, pero ella se alejó. «Qué raro...», el olor a jabón en polvo siempre la hizo estornudar... Con los ojos semicerrados, vio cómo la espuma empezaba a desbordarse, a avanzar hacia ella, a ocuparlo todo, pero su mente nada podía articular, salvo la idea de que lo había perdonado. Luego iría al dormitorio para decírselo. Por ahora, se abandonaría a esa placentera experiencia de flotar sobre la espuma, sentada en su silla, recorriendo toda la casa, rodeada de un blanco que por primera vez le pareció bellísimo, interrumpido tan sólo por el luctuoso morado de una de las medias de Javier que se había escapado de la lavadora y flotaba junto a ella.

La silla, arrastrada por la espuma, entró con ella por la puerta de la cocina y le pareció que las tapas de las cacerolas hacían un sonido semejante al de una fanfarria. Luego pasó al comedor; aún no había retirado el mantel del almuerzo. Siguió hasta el cuarto de Elenita y no le pareció vacío esta vez. Ella no estaba pero no le pareció vacío. Desde allí flotó por un pasillo hacia el dormitorio donde descansaba Javier, casi no se lo veía a Javier, tapado por la espuma. Usando las manos como aletas de foca logró dejar el rostro y el torso al descubierto... esa leve cicatriz en el labio inferior que la había incitado a averiguar qué gusto tenía... y esas manos como para dejarlas hacer... no lo despertaría ahora, le hablaría más tarde de su perdón.
La corriente de espuma la acercó a la ventana, que se abrió casi reverente. Su cuerpo le parecía poco más que un juguete, apenas una pequeña pieza de ajedrez en medio de una tregua sin mentiras, apenas el marco de un viejo cuadro que alguien decide descolgar.
Sintió que todo lo que sabía dejaba de tener sentido y no reconoció los lugares por donde iba; le pareció que ella tenía infinidad de nombres y que había infinitos nombres para llamar a las otras personas y a las cosas, que había vuelto a ser pura y que ya nadie, detrás de la espuma, la reconocería.

© de la autora

 

11/11/2006 09:33 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Cuentos Hay 1 comentario.

Armando Tejada Gómez - Argentina

20061111135144-tejadagomez.jpgAmo.

Amo,
como el que más,
mientras cruzo la vida,
el decoro apacible
de las grandes familias
cuando ponen la mesa festiva de diciembre
y suena a cancionero el pan de la alegría.
Amo,
sin vuelta de hoja,
la ternura del día,
la sal, el noble vino,
la abundante comida
y tengo a esa hora coral cierta evidencia,
cierta noción de júbilo
de raíz en sí misma.
¿Has estado en diciembre como en un campanario
compartiendo el decoro y el pan de las familias?
¡Salud, hermano lejos,
mientras cruzas la vida!

© de los herederos del autor

11/11/2006 09:51 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.

Juan Gelman - Argentina

20061111135436-gelman.jpgArte poética.

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.
A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.
Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.

© del autor
11/11/2006 09:54 Autor: Norma Segades. Enlace permanente. Tema: Maestros No hay comentarios. Comentar.


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